jueves, 20 de junio de 2013

11. Odisea del futuro



Algo nos falta, algo no está bien,

Y yo lo siento siempre y no sé qué hacer.

Hay una voz en mi, que se que aparecerá,

Que no me deje vencer, que busque más allá.

¡Por fin!, ¡Todos estaremos juntos!

¡Por fin!, ¡Llegara a nuestro mundo!

¡Por fin!, ¡Nuestra unión no se podrá romper!

¡Por fin!, ¡No hay nubes de dolor!

¡Por fin!, ¡Brillando la luz del amor!

¡Por fin!, ¡Un día llegara el final feliz!

¡Unidos todos por fin!

¡Por fin!, ¡Todos estaremos juntos!

¡Por fin!, ¡Llegara a nuestro mundo!

¡Por fin!, ¡Nuestra unión no se podrá romper! ¡No!

¡Por fin!, ¡No hay nubes de dolor!

¡Por fin!, ¡Brillando la luz del amor!

¡Por fin!, ¡Y este final será feliz!

¡Unidos todos por fin!

¡Por fin!

Sonic tocaba la canción con su guitarra. Los demás le escuchaban maravillados, pues nunca habían escuchado una melodía tan singular. Knuckles, con la pierna vendada, ya 
sabía como tocaba Sonic, y sonreía sin más.

Sonic había contado a los demás lo sucedido desde que se marchó de casa de Amy, además de presentarles a Merna, a quien Tails se alegró mucho de volver a ver. En cambio, Sonic no se sorprendió de volver a ver a Chris

- Sabía que tarde o temprano conseguirías volver – dijo Sonic – aunque no tan pronto

- Después de oír las palabras del Oráculo, no me lo pensé dos veces – dijo Chris 
sonriendo –. A mí también me pilló por sorpresa

- ¿Como supiste donde estábamos, Sonic? – preguntó Tails – porque no te llevaste el reloj multifunción que te regalé – dijo tendiéndole la mano con el reloj en ella

- Bueno – respondió Sonic alargando la mano para coger el reloj – digamos que siempre he tenido el don de la oportunidad. Pasábamos por aquí y oímos ruidos de pelea

- Llegaste justo a tiempo – dijo Knuckles – ya casi no podíamos defendernos. Por cierto ¿Qué clase de robots eran estos? No parecían Roboguardias

- Es que no lo eran. Estos solo eran MiniBots – dijo Sonic examinando una pieza que había cogido de entre los restos – su única misión es paralizar a los intrusos

- En mi caso, casi lo consiguen – dijo Knuckles agarrándose la pierna – Aun me duele, pero no tardaré en recuperarme

- Lo que no entiendo es como se hacían más fuertes cada vez que los derribábamos – dijo Amy – ¿Sabes algo de eso, Sonic?

- No mucho. Tan solo sé que son unos robots extremadamente duros. Por eso no conseguíais destruirlos. Son del tipo de robots que se fortalecen con cada golpe que reciben. Casi nada

Sonic depositó la pieza en una repisa. Su expresión cambió a pesadumbre y dijo:

- Knuckles ¿Les has contado todo?

- Sí, Sonic – contestó Knuckles con seriedad

- Entonces sabéis que ya no tengo nada que ocultaros. Merna y yo fuimos a ver al Oráculo de Delphius y nos dio esto – dijo mostrando el pergamino que recibió – Es el lugar donde están mis hermanos y tengo que ir. Iré solo

- No puedes ir solo, Sonic – dijo Tails – iremos contigo

- Tails tiene razón, Sonic – terció Merna –. Además, recuerda lo que te dijo el Oráculo, que no podías hacerlo todo tú solo

- No – contestó Sonic – esos robots casi os atrapan, ya los habéis visto. He perdido muchas cosas y no me gustaría perderos a vosotros también – dijo Sonic casi llorando
Amy se acercó a él y le tomó del brazo

- Sonic – le dijo suavemente – Juntos hemos vivido muchas aventuras, y nunca te hemos abandonado. Sabemos que esto es peligroso, pero nosotros tampoco queremos perderte a ti. No te abandonaremos jamás, igual que tú tampoco nos abandonarías a nosotros

Sonic cambió su expresión de tenso a relajado, y diciendo un tímido "gracias", abrazó a Amy mientras unas lágrimas resbalaban por sus ojos. Entonces dijo alegremente:

- Bueno, en marcha. Mis hermanos estarán encantados de conoceros. Adelante, rumbo a la gran encrucijada

- ¡A la orden! – dijo Tails sonriendo

Chris también se puso contento mientras pensaba: "¡Este es nuestro Sonic!"

Shadow, Rouge y Omega estaban junto a los rescatados, que todavía seguían inconscientes

- ¡Eh, vosotros! – dijo Shadow - ¡Despertad de una vez!
El erizo plateado y la gata púrpura abrieron lentamente los ojos

- ¿So... Sonic? – dijo la gata

Pero nada más ver a Shadow, sus caras pusieron una expresión de desconcierto. Se levantaron rápidamente, dieron un salto hacia atrás y se pusieron en posición de combate

- ¡Tú no eres Sonic! – gritó ella

- ¿Y ahora os dais cuenta? – dijo Shadow en tono burlón

- ¿Estás segura de que no es él? – le preguntó el erizo plateado

- Completamente. Se parece mucho a Sonic, pero sé que no es él

- Ya está bien, chicos – dijo Rouge – ¿Nos vais a explicar de una vez quienes sois?

- ¿Y por qué íbamos a hacerlo? – preguntó la gata – que yo sepa, vosotros tampoco os habéis presentado

- Yo soy Rouge, y ellos son Shadow y Omega. Conocemos a Sonic – dijo la murciélaga – somos amigos suyos

- No pluralices – le cortó Shadow – yo no soy amigo de ese erizo. Que nos parezcamos físicamente no significa nada

- No me estás ayudando, Shadow – dijo Rouge – Está bien, yo soy amiga de Sonic, y puedo llevaros ante él, pero necesito saber quiénes sois

El erizo y la gata se dieron la vuelta y hablaron entre ellos

- ¿Deberíamos confiar en ella? – preguntó el erizo

La gata miró de reojo tanto a Shadow como a Omega. Entonces dijo:

- Creo que sí. Si nos han rescatado de esos Roboguardias, puede que sean de fiar, pero 

no bajes la guardia

Ambos se dieron la vuelta y la gata dijo:

- Mi nombre es Blaze y él es Silver

- ¿Y por qué os tenían encerrados? – preguntó Rouge

- Hemos venido del futuro – dijo Silver – de unos doscientos años, para ser exactos

- ¿Ah, si? – preguntó Rouge – ¿Y como es el futuro?

- Está todo devastado – dijo seriamente Silver – Todo el planeta ha sido robotizado. Apenas quedábamos unos pocos grupos en la resistencia

- Eso me resulta familiar – dijo Shadow – Gobierna un tirano que aplasta a quien se le opone, ¿Verdad?

- Sí – dijo Blaze –. No tiene compasión y nadie puede hacerle frente


- Esclaviza a todo el mundo – dijo Silver – Nosotros formábamos parte de un gran grupo que combatía sus fuerzas, pero nos tendieron una emboscada. Apenas escapamos tres

- Entonces yo recordé a Sonic el Erizo – prosiguió Blaze – En las crónicas históricas se le mencionaba como el mayor héroe que había tenido Mobius. Él estaba en el pasado, y decidimos ir a pedirle ayuda. Entre los tres logramos construir una máquina del tiempo y viajamos a esta época

- Perdona, pero has dicho tres y vosotros solo sois dos – interrumpió Rouge
Blaze y Silver bajaron la cabeza, apesadumbrados

- Eso es porque al poco de llegar a esta época un grupo de Roboguardias nos descubrió y nos atacó – dijo Silver

- Luchamos con todas nuestras fuerzas, pero cuantos más destruíamos más aparecían – dijo Blaze – Al final nos apresaron. Como nuestra compañera, Marine, no tenía ningún poder especial, la separaron de nosotros

- Un tipo muy extraño que se hacía llamar Robotnik dijo que podíamos ser útiles para su nueva arma, – dijo Silver – y que después de hacer nosequé iba a robotizarnos. Eso es lo último que recuerdo

- ¿Y cuáles son vuestros poderes especiales? – preguntó Rouge
Silver extendió sus manos hacia Rouge. Entonces Silver emitió un brillo azulado e hizo que Rouge se elevara en el aire

- Mi poder es el de la telekinesia – dijo Silver – Puedo mover cualquier objeto sin necesidad de tocarlo

- Está bien, pero bájame – dijo Rouge, molesta – que sé volar yo sola

Silver bajó la mano y Rouge aterrizó suavemente en el suelo. Entonces Blaze levantó la 
mano y apareció en ella una bola de fuego

- Mi poder es la pirokinesis – dijo Blaze – Puedo generar fuego

- Impresionante – dijo Shadow – Ya veo por qué os encerró ese falso Robotnik. Ahora sois libres, marchaos. Rouge, Omega, vámonos. Tenemos que seguir buscando

- Espera – dijo Silver – ¿podrías decirnos al menos donde podemos encontrar a Sonic el Erizo?

- No hace falta que le busques – Sentenció Shadow – Él te encontrará

Acto seguido sacó una Esmeralda Caos y diciendo "Control de Caos" desapareció junto con Rouge y Omega, ante el desconcierto de los otros dos

Vector, Espío y Charmy llegaron hasta una antigua ciudad devastada. Todo parecía lleno de escombros

- ¿Seguro que ha pasado por aquí, Vector? – preguntó Charmy

- Si, estoy seguro. Me ha parecido ver una silueta entrando en esta ciudad derruida, y por la descripción que nos dio Tails, tiene que ser ella

- Abramos bien los ojos – comentó Espío mirando de izquierda a derecha – no sabemos si aparecerá otro robot

Seguían pasando entre los escombros

- Este sitio está devastado – dijo Espío – Este lugar debió ser el escenario de una batalla 
terrible o una guerra

- No parece que haya nadie por aquí, Vector – dijo Charmy divisando los alrededores

- ¡Mirad! ¡Allí! – exclamó de pronto Vector

Una extraña silueta se movía entre los edificios. Iba vestida con una capa roja, adornada con una capucha del mismo color. Apenas se distinguían sus ojos, de un color verde brillante, similar al de alguien a quien ya conocían

- Bienvenidos. Os estaba esperando

- Eres la madre de Sonic, ¿Verdad? – preguntó Vector
- Sí, soy yo – dijo ella – perdonad que no me descubra. Podrían estar espiándonos

- ¿Sabías que te estábamos siguiendo? – dijo Espío

- Sí

- ¿Y por qué nos has traído hasta aquí? – dijo Charmy

- El lugar donde estáis es donde estaba mi castillo. Hace años fue derruido por el falso 
Robotnik. Su palacio está en el centro de Robotrópolis. Quería ver de nuevo este lugar. 
Sé que se acercan malos tiempos y no sé si viviré para volver a ver mi reino como era antes

- Podemos ayudarte – dijo Vector

- Lo sé – dijo la reina – Para esto va a hacer falta mucha gente. Se acerca una guerra terrible. Por ello, necesito vuestra ayuda. Necesito pediros un favor muy grande

- Díganos, majestad – dijo Vector haciendo una exagerada reverencia. Espío y Charmy lo imitaron, aunque con menos intensidad.

La Reina Aleena sonrió. Entonces les dijo:

- Escuchadme bien. Tenéis que dirigiros a…

Continuara...

Eso fue todo por hoy... Hasta pronto.

viernes, 24 de mayo de 2013

10. La trampa


El Tifón Azul surcaba los aires de Robotrópolis. Hasta el momento, no habían tenido más problemas, y eso mosqueaba mucho a Tails

- Saben que estamos aquí – dijo – ¿Por qué no nos habrán atacado?

- Tal vez estén esperando a que aterricemos – dijo Amy

- Mirad, ahí abajo – dijo Chris – eso parece un poblado

Por las pantallas se veía lo que parecía un pequeño poblado

- Mirad bien, puede que esté habitado por robots – dijo Knuckles

- Desde aquí no se distingue bien – dijo Cream – veo algo de gente, pero no sé si son seres vivos o máquinas

- Podríamos aterrizar para ver si han visto a Sonic – dijo Amy – Estoy muy preocupada 
por él

- Yo también – dijo Chris – y tal vez sea una trampa, pero no tenemos otra salida. 
Robotrópolis es muy grande, y podría estar en cualquier parte

- De acuerdo. Bajaremos a ver. Si es una trampa, creo que sabremos defendernos – dijo Knuckles

- Bien. Haré descender el Tifón Azul hasta allí. Creo que estoy viendo un sitio donde aterrizar – dijo Tails

El Tifón Azul descendió hasta la zona. Parecía una aldea perdida en medio del bosque. Afortunadamente, cerca de allí había un claro lo bastante grande como para hacer aterrizar sin problemas la nave. Tails y los demás bajaron lentamente y se dirigieron a la aldea. Amy parecía muy nerviosa

- ¿Y si no está aquí? ¿Y si nos han tendido una trampa?

- Tenemos que correr el riesgo, Amy – dijo Chris – Yo me quedaré en la nave por si ocurre algo ¿De acuerdo? Así podré ayudaros

- Chris tiene razón – dijo Tails – yo también me quedaré aquí. Si algo ocurre utilizad 
estos comunicadores – dijo entregándoles unos relojes de pulsera a cada uno

Knuckles, Amy, Cream y Cheese descendieron de la nave con cierta inseguridad y se dirigieron al poblado. Amy era la que estaba más intranquila. Miraba a cada lado creyendo ver algún peligro.

La aldea parecía poco poblada. Apenas se veían tres o cuatro habitantes. Todos tenían aspecto de monos, aunque no se sabe por qué, sus caras carecían de expresión. Knuckles se acercó al más próximo a ellos y le preguntó:

- Perdone ¿ha visto a un erizo azul por aquí?
No hubo respuesta

- ¡He dicho que si ha visto a un erizo azul por aquí! – gritó Knuckles
De pronto, los ojos de ese mono se volvieron rojos y dijo con voz robótica:

- ¡Intrusos! ¡Intrusos! ¡Alarma!
Los demás nativos se pusieron junto a él con la misma expresión en la cara. En total eran cerca una veintena, y parecían dispuestos a todo

- ¡Lo que me imaginaba! – dijo Knuckles – ¡Son robots!

- Así es, equidna – dijo de pronto una voz – habéis caído de lleno en nuestra trampa

De pronto salieron Sleet y Dingo de una de las chozas, llevando una pistola de rayos cada uno

- ¡Vosotros! – gritó Knuckles poniéndose en guardia

- ¿Los conoces, Knuckles? – preguntó Amy sacando su martillo

- Sí, son cazarrecompensas del falso Robotnik – respondió Knuckles

- Exacto – digo Sleet – esperábamos que os dejaseis caer por aquí. Ahora entregaros sin resistencia

- Jamás – gritó Knuckles con firmeza – ¡Puñetazo terremoto!

Knuckles golpeó el suelo con tanta fuerza que provocó un gran temblor de tierra. Los robots se tambalearon, y los demás se cayeron al suelo. Dingo se golpeó en la cabeza contra un árbol, perdiendo el conocimiento.

- ¡Vamos, corred! – gritó Knuckles ayudando a levantarse a Amy y a Cream

- ¡Robots! ¡A por ellos! – ordenó Sleet – ¡Que no escapen!

Los robots echaron a correr detrás de ellos mientras Sleet atendía a su compañero

- ¡Cuidado, Knuckles! – gritó Amy, girando la cabeza

Dos robots saltaron hacia él con los brazos extendidos. Knuckles se libró de ellos dando un salto hacia atrás. Un tercero se lanzó hacia Cream, pero salió despedido hacia atrás cuando Cheese le golpeó en la cabeza. Pero otros tres robots se dirigieron hacia el grupo. Amy utilizó su martillo Piko-Piko para hacerlos retroceder a base de golpes. Pero otro grupo de cinco se dirigía hacia ellos

- Si por lo menos pudiésemos destruirlos... – dijo Knuckles

- ¡Sí, pero no hay manera de que se estén quietos! – dijo Amy

- Esto no me gusta. Mirad, vienen más – dijo Cream

En efecto, seis robots más aparecieron. Ahora eran once los enemigos.

- En ese caso, necesitamos métodos drásticos – dijo Knuckles - ¡Puñetazo terremoto!

Golpeó el suelo con todas sus fuerzas, provocando un nuevo temblor de tierra que esta vez hizo perder el equilibrio a los enemigos, aunque también hizo tambalearse a Cream y a Amy

- ¡Ten cuidado, bestia! – dijo Amy

- Lo siento, Amy – dijo Knuckles – tenemos que volver a la nave
Knuckles se dirigió a su reloj-comunicador

- ¿Tails? – dijo – ¿Me oyes? ¡Era una trampa! ¡Necesitamos ayuda!

- ¡Recibido, Knuckles! – dijo la voz de Tails – os enviaré a Chris enseguida

- Menos mal – dijo Cream – Mirad, creo que se están volviendo a levantar

- Chiuuu – dijo Cheese

Los once robots se levantaron con dificultad y acto seguido mostraron sus armas, unos cañones láser.

- Esto se pone feo – dijo Knuckles

De pronto, una lluvia de disparos procedente de los robots se lanzó hacia ellos. Afortunadamente Knuckles y Amy se tiraron al suelo y Cream y Cheese se elevaron en el aire. Los robots iban a enviar una nueva ráfaga de disparos cuando varios misiles impactaron contra ellos. Había aparecido Chris pilotando el Tornado X.

- Siento la tardanza, chicos – dijo Chris

- Ya era hora – dijo Knuckles – espero que esos disparos los hayan destruido

- Me parece que no, Knuckles – dijo Amy – Mira

Los once robots volvieron a levantarse. Los misiles apenas les habían dañado, y de nuevo les apuntaron con sus cañones. Knuckles y Amy se apartaron a tiempo, mientras cada uno se lanzó por su lado. Knuckles derribó a cuatro robots usando sus puños. Mientras, Amy tumbó a otros cuatro a base de martillazos. En cuanto a Cream y Cheese, noquearon a los tres restantes mediante placajes.

- ¡Así no podemos seguir! – dijo Amy – Si se levantan de nuevo cada vez que los derribamos, muy pronto estaremos agotados y no podremos con ellos

- Volved al Tifón Azul. Yo os cubriré – dijo Chris

Amy, Knuckles, Cream y Cheese se dirigieron corriendo al Tifón Azul. Al mismo tiempo, los robots se estaban levantando de nuevo, dispuestos a perseguirles. Volvieron a dispararles, pero por fortuna ninguno de sus disparos dio en el blanco

- ¡Tomad esto! – dijo Chris

El Tornado X envió una ráfaga de disparos hacia el grupo de robots. Casi todos ellos cayeron. Solo dos de ellos consiguieron apartarse, y dispararon hacia Knuckles y los demás. Esta vez uno de los disparos hirió a Knuckles en la pierna. Se desplomó aullando de dolor

- ¡Knuckles! – gritó Cream – ¿Estás bien?

- Sí, pero así no puedo correr

- Claro, pretenden impedir que huyamos para apresarnos – dijo Amy – Voy a intentar tumbarlos otra vez

- ¡Amy, no lo hagas! – dijo Knuckles – tenemos que seguir hacia la nave

- ¡Pero tú no puedes correr en ese estado! – dijo Amy

- Espera, yo le ayudaré – dijo Cream – agárrate a mi mano

Amy siguió corriendo mientras Cream llevó a Knuckles volando. El grupo de robots seguía persiguiéndoles. Chris volvió a lanzarles otra andanada, pero le sorprendió ver que las estaban esquivando casi con toda facilidad. Únicamente uno o dos disparos les acertaron, pero ninguno hizo que se cayesen.

- ¿Cómo es posible? – dijo Chris – Parece como si se hiciesen mas fuertes cada vez que caen

El grupo apenas estaba a cien metros del Tifón Azul, pero los robots se les estaban acercando rápidamente. Amy estaba cansada de tanto correr, y Cream casi no podía volar cogiendo a Knuckles

- ¡Así no podemos seguir! – dijo Knuckles – No podremos llegar al Tifón Azul antes de que nos alcancen

- No… no puedo seguir volando – dijo Cream con tono de cansancio – lo siento mucho, Knuckles

Cream aterrizó suavemente en el suelo, depositando con cuidado a Knuckles

- ¡Nos alcanzan y no puedo luchar! ¡Estamos perdidos! – dijo Knuckles agarrándose la pierna

Todo parecía perdido. El primero de los robots estaba a solo unos metros apuntando con su arma cuando una ráfaga azul lo tumbó al suelo

- ¡Sonic! – gritó Amy ilusionada

Un erizo azul sonriente y una eriza amarilla estaban delante del grupo

- Hola ¿Me echabais de menos? – dijo Sonic

- ¡Ahí va eso, Sonic! – dijo Chris lanzándole un anillo desde el Tornado X

Sonic agarró el anillo y desprendió un brillo dorado. Utilizó su Spin Dash para lanzarse contra el grupo de robots, tumbándolos a todos al suelo. Pero el grupo no tardó en volver a levantarse

- ¡Rápido, mi medallón! – gritó Sonic

Amy sacó el medallón y se lo lanzó a Sonic. Éste se lo colgó del cuello. Entonces lo tocó suavemente con los dedos y emitiendo un brilló hizo salir de él una guitarra morada. Sonic se puso a tocarla y de los pistones salieron unos rayos que al impactar con los robots, los destruyó. Bastaron unos segundos para que todos los robots saltaran en pedazos.

- Espero que esto baste para destruirlos – dijo Sonic

Entonces se volvió al grupo y dijo:
- ¿Estáis todos bien?

Todos dijeron que sí, excepto Amy, que no dijo nada y miraba a Sonic muy enfadada

- ¿Amy? – preguntó Sonic

- ¡Pero bueno! – gritó Amy furiosa – ¿se puede saber por qué te fuiste? ¡Y nosotros enfrentándonos a mil peligros mientras tú andabas por ahí! ¡Y ahora apareces así, como si nada! ¡¿Y quién es esa?! – gritó señalando a Merna

- P… pero Amy, yo… – dijo Sonic asustado

- ¡He estado muy preocupada por ti! – gritó Amy mientras le empezaban a salir lágrimas de los ojos – ¡Todo lo que has pasado! ¡Y nunca me lo contaste! ¡Y ahora estás aquí, salvándonos una vez más! ¡Creo que nunca he sido tan feliz!

Y Amy se puso a llorar abrazando a Sonic con tanta fuerza que parecía que lo iba a estrangular

- Por cierto – dijo Knuckles – ¿De donde sales?

- Es una historia muy larga – respondió Sonic – y será mejor que os la cuente a bordo del Tifón Azul. Vamos, te ayudaré a caminar

Mientras, no muy lejos de allí, Sleet los observaba, mientras su compañero ya había recobrado el conocimiento

- ¡Por fin aparece! – gritó Dingo furioso apretando los puños – ¡Déjame que acabe con él!

- ¡No! – dijo Sleet tratando de contener a su compañero

- ¡Déjame! – gritó Dingo con más fuerza intentando librarse de él

- ¡Te he dicho que te estés quieto! – dijo Sleet sacando de su bolsillo un mando a distancia y pulsando un botón

Al momento, Dingo se transformó en una piedra

- ¿Por qué has hecho eso? – preguntó Dingo enfurecido

- ¡Porque son más que nosotros, estúpido! – dijo Sleet sin dejar de observar a Sonic y a los demás –. El erizo azul está con ellos y por si fuera poco dispone de su arma, así que no podemos hacer nada, de momento. Nosotros solos no podemos. Necesitaremos refuerzos.

Continuara....
Proximo capitulo: Odisea del futuro

lunes, 31 de diciembre de 2012

Feliz año nuevo

FELIZ AÑO 2013!!!!!!
QUE TOD@S TENGAN UN MUY BONITO AÑO JUNTO A SUS FAMILIAS Y CLARO A SU IMAGINACIÓN NOS VEMOS MUY PRONTO 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

¡¡¡¡INFANCIA DESTRUIDA!!!!

Holaaaa!!!!
El otro día buscando imágenes para el blog me encontré con algo que destrullo mi infancia (o lo poco que me quedaba)...
Me entere que Rui Torres, el que aparecía en ART ATTACK había muerto, yo no sabia, yo creia que lo habían cambiado porque si, no porque había muerto TTT____TTT.
Me puse a sollozar cuando me entere (mi mama se reía de mi y me decía ridícula ME MOLESTO UNA SEMANA)
ojala que este descansando en paz
que opinan ustedes 
bye-bye


9. El arma definitiva


Todo estaba desierto, salvo dos Roboguardias a las puertas de lo que parecía la entrada a una cueva subterránea. Medían casi tres metros de alto, y sus armaduras eran rojas y moradas, a excepción del visor, que era verde. Desde sus manos podían disparar rayos, pues estaban equipados con pistolas láser. Shadow, Omega y Rouge estaban escondidos tras una duna cercana, observándolos

- ¿Por qué hemos ido a parar aquí? – preguntó Rouge

- Porque me apetecía perder de vista cuanto antes a esos – dijo Shadow – Además, he percibido una Esmeralda Caos por esta zona. Tiene que estar ahí dentro, dada la vigilancia

- Entonces, vamos a por esos centinelas – dijo Rouge

Salieron rápidamente de su escondite. Shadow dio cuenta del primer centinela con un Lanza Caos. Rouge, con su Patada Tornado y Omega, con un sus mísiles, se encargaron del segundo

- Bien, estos no eran nada para mí poder – Dijo Shadow – Omega, abre esta puerta

- ENTENDIDO – dijo Omega

Una lluvia de mísiles abrió un gran agujero en la puerta blindada. Acto seguido, ésta se derrumbó

- Bien, caballeros, entremos – dijo Rouge – yo iré delante

El grupo se adentró en la cueva. Varias puertas con extraños símbolos se hallaban ante ellos. Todas eran puertas blindadas, con una pequeña consola delante. Rouge se acercó a la que estaba más a su izquierda. La examinó unos segundos y dijo:

- Esta puerta se parece a las que usaba Eggman en el pasado. Se abren tecleando un código, pero no sé lo que pasará si lo intento y le introduzco uno erróneo

- Seguramente aparecerán más centinelas – dijo Shadow – Si eso ocurre, me encargaré de ellos

- Bien – dijo Rouge, despreocupada

Rouge introdujo un código, pero no ocurrió nada. Volvió a intentarlo varias veces, pero ninguno de sus intentos tuvo éxito. La puerta seguía cerrada a cal y canto

- Esto es increíble – dijo, secándose el sudor de la frente – a lo mejor... ¡Pues claro! 

¿Cómo no se me había ocurrido antes? Omega, intenta abrir tú la puerta

- RECIBIDO – contestó

Omega se acercó a la consola. Del extremo de su mano salieron unos cables que se conectaron a una de las clavijas del aparato. Al cabo de unos segundos, la inscripción de la puerta se hizo legible. Ahora ponía: "Acceso a los niveles 3 y 4, Proyecto Arma Definitiva"

-¿Arma definitiva? – dijo Shadow muy sorprendido – ¿Significa esto que aquí hay otro espécimen como yo?

- No creo que sea eso – dijo Rouge – pero sí es un arma definitiva, debe estar muy bien protegida

La puerta por fin se abrió

- DEBO EXTERMINAR LAS ARMAS DE EGGMAN – dijo Omega

- Este no es el Eggman auténtico, Omega – dijo Rouge – pero si es un arma que no podemos utilizar en nuestro favor, la destruiremos

Ante ellos apareció una sala llena de extraños aparatos electrónicos y donde trabajaban varios robots. Infinidad de cables se entremezclaban e iban a parar a una consola de considerable tamaño. Encima de ella estaba colocada la Esmeralda Caos roja. Cerca de allí había una jaula, y dentro de ella estaban prisioneros un erizo gris plateado y una gata púrpura. Ambos parecían desmayados y estaban conectados a unos aparatos electrónicos. A Rouge le llamó mucho la atención.

- Es extraño ¿Esa consola es el arma definitiva? ¿Y quiénes serán esos?

- No es el arma definitiva – dijo Shadow –, debe estar escondida dentro de esa 
consola, y la están alimentando con la energía de la Esmeralda Caos

- ¿Insinúas que quieren utilizar esa energía para crear algo devastador?

- Sí, eso he dicho. Fíjate en los robots

Rouge enfocó su mirada en los robots que estaban más cerca de ellos. Eran todos distintos, y parecían inexpresivos

- ¿Por qué son todos distintos? – preguntó


- Porque no son robots en realidad – dijo Shadow – son gente robotizada

- ORGANISMOS VIVOS DETECTADOS – dijo Omega

- En cuanto a los prisioneros, seguramente los vayan a robotizar – dijo Shadow

- Es terrible – dijo Rouge – robotizarlos por negarse a obedecer a un tirano como 
ese falso Robotnik...

Rouge fijó su atención en un robot que le resultaba familiar. Parecía Sonic, pero el auténtico Sonic seguramente estaba en otro lugar. Éste robot tenía púas azules, aunque de un tono más claro que el de Sonic. Uno de sus ojos era robótico, pero el otro era auténtico. Se le distinguían lo que en otro tiempo habían sido unos bigotes.

- Mira, ese debe ser Chuck, el tío de Sonic – dijo Rouge

- Poco me importa eso. Deberíamos destruir esa arma, y de paso liberar a los prisioneros

- ¿Crees que es buena idea, Shadow? – dudó Rouge – si nos descubrimos tal vez nos ataquen, y no me gustaría hacer daño a gente inocente


- No nos atacarán – dijo Shadow –. Ninguno de ellos lleva armas. En todo caso vendrían los Roboguardias

Los ojos de Omega brillaron, poniéndose púrpuras. Al cabo de unos segundos, dijo:

- NINGÚN ROBOT DE ESTE NIVEL LLEVA ARMAS. SOLO SON ROBOTS DE MANTENIMIENTO

- Es todo cuanto necesitaba saber – dijo Shadow – Rouge, libera a esos de la jaula

Shadow dio un salto y gritó: "¡Lanza Caos!". Cuatro flechas luminosas volaron por el nivel e impactaron en la consola. No recibió ningún rasguño.

Los robots empezaron a dirigirse hacia las salidas gritando:

- ¡Intrusos, intrusos! ¡Alerta roja!

- ¡Me lo imaginaba! – dijo Rouge – ¡Omega, vamos!

Rouge logró romper los barrotes de la jaula de una patada. Entre Omega y ella desconectaron los cables que unían a los prisioneros a las máquinas. Después los sacaron suavemente mientras Shadow se lanzaba en Spin Dash contra la consola, sin causar daño alguno. De pronto, de las puertas del nivel aparecieron cuatro <

Roboguardias, que se dirigieron hacia el grupo

- ¡Lanza Caos! – gritó Shadow

Las flechas impactaron en el primero, destruyendo su armadura, pero el segundo y el tercero ya estaban más cerca. Rouge voló hacia los Roboguardias y gritó:

- ¡Patada tornado!

Convirtiéndose en un mini-tornado, atravesó al segundo, que cayó al suelo, completamente destrozado. El tercero y el cuarto empezaron a dispararles rayos.

- ¡LANZALLAMAS! – gritó Omega

Un chorro de fuego salió de los brazos de Omega, y apuntó a las cabezas de los 
Roboguardias, que saltaron en pedazos.

- Ilusos – dijo Shadow – no eran nada

- ¡No cantes victoria todavía! – gritó Rouge – ¡Vienen más!

En efecto, de la puerta al nivel cuatro empezaron a aparecer una docena de 
Roboguardias. Shadow se dirigió hacia ellos y gritó:

- ¡Rouge, coge esa esmeralda! ¡Omega, trae aquí a los prisioneros! ¡Explosión Caos!

El color de pelo de Shadow cambió a rojo y liberó una gran cantidad de energía apuntando hacia los Roboguardias. Todos saltaron en pedazos.

Rouge voló hacia la consola. A la esmeralda la protegía un grueso cristal.

- ¡Lo romperé enseguida! – dijo Rouge
De una patada, el cristal se rompió con facilidad y Rouge pudo recuperar la Esmeralda Caos. Al mismo tiempo, una veintena de Roboguardias estaban 
entrando en el nivel. Omega depositó a los prisioneros junto a Shadow y se dirigió a los Roboguardias

- ¡CAÑÓN DE RAYOS! – gritó

Cinco de los Roboguardias cayeron al suelo destrozados

- ¡Falla Caos! – gritó Shadow

Una falla dimensional se abrió en el centro del nivel. Tres Roboguardias que no se habían apartado a tiempo desaparecieron tras ella.

- ¡Así no vamos a hacer nada! – dijo Rouge – necesitamos atacar en equipo. Tal vez así los destruyamos de una vez

- De acuerdo – aseveró Shadow - ¡Ven y Ayúdanos!

Rouge voló a toda velocidad. Entre Shadow y ella agarraron a Omega

- ¡Tormenta de metal! – gritaron al unísono Shadow, Rouge y Omega

Lanzaron a Omega con todas sus fuerzas. Éste atacó al grupo de Roboguardias con un movimiento de sus cañones. Se produjo entonces una explosión cegadora. Al 
cese del resplandor, no quedó nada de los Roboguardias. Se habían volatilizado. 

Rouge miró a su izquierda y su derecha. Estaba cansada, y no podía creer la potencia que había tenido su ataque conjunto, aunque tal resplandor no hizo que los prisioneros se despertaran.

- ¿He… hemos vencido? – preguntó

- Se diría que sí – dijo Shadow, mostrando también muestras de cansancio

De pronto, se empezó a escuchar una estampida. Un centenar de Roboguardias estaban entrando en el nivel por todas las entradas. El grupo no tenía escapatoria

- ¡Estamos rodeados! – dijo Rouge – ¡Y lo peor es que estamos agotados y no 
podemos hacerles frente!

Rouge empezó a temblar. Eran demasiados, y seguramente la robotizarían. Recordó la historia de Sonic, y unas lágrimas aparecieron en sus ojos

- ¡Todavía no estamos perdidos! – dijo Shadow – Tenemos esto

Abrió la mano y le mostró la Esmeralda Caos blanca

- ¡Control de Caos!

Shadow teleportó al grupo lejos de allí antes de que los Roboguardias pudieran cogerles. Estaban a salvo

Lejos de allí, una figura entraba por una puerta de seguridad. Al pasar junto a una luz se reveló su aspecto: era un lobo vestido con una armadura roja con partes naranjas y una larga capa morada. Su aspecto fiero inspiraba temor. Había otra figura en 
aquella habitación. El recién llegado dijo:

- ¿Es que no te cansas nunca?

El otro era un dingo naranja muy musculoso. Llevaba unos pequeños anteojos morados , y una de sus piernas estaba robotizada. Tenía una expresión de profunda rabia, y peleaba contra varios Roboguardias, ejercitándose. Al oír la pregunta del 
otro, contestó enfurecido:

- No, Sleet, no descansaré hasta que ese erizo azul pague por lo que hizo

- Vaya, vaya, Dingo – contestó Sleet –. No has vuelto a ser el mismo desde aquel día

- ¡No! – rugió mientras lanzaba un golpe contundente contra otro Roboguardia –. Mi existencia como cazarrecompensas ya no tiene sentido. Si ese maldito erizo no hubiese huido...

- Bueno, bueno – dijo Sleet con impasibilidad – Su Excelencia nos ha encomendado una nueva misión: tenemos que capturar a los ocupantes de una nave. Prepárate, que partimos enseguida

- ¡No quiero! – le espetó Dingo más furioso, al tiempo que derrumbaba a dos Roboguardias de una patada – Vete tú solo. Sabes perfectamente que no me necesitas. Hace tiempo que puedes con ello tú solo

- ¿Estás seguro? – dijo Sleet con cierto tono de malicia – qué pena, porque se 
trataba de los amigos de Sonic

Al oír este nombre, Dingo reaccionó abriendo los ojos sorprendidos

- Uno de ellos es aquel molesto equidna rojo. E incluso tenemos confirmación de que el erizo azul está en Robotrópolis. Si de verdad no te interesa, está bien, iré yo solo – dijo Sleet dándose la vuelta

- ¡Espera! Está bien, iré. Pero quiero ser yo el que le eche la zarpa encima a ese erizo. Pagará por lo de Sonia

- Excelente respuesta, compañero – dijo Sleet sacando de su bolsillo lo que parecía un mando a distancia –. Vamos, tenemos un problema que solucionar